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Casa de Familia

Amigos y amigas de mi blog:

Con una raya completamente desdibujada entre lo onírico y lo real, nuestro amigo Fernando Fernández Duval nos deleita con relatos de muy buena factura en su más reciente libro de cuentos “Casa de familia”. Es un libro ágil, ameno, que puede leerse de un tirón y que a mí, en lo particular, me ha dejado un fuerte sabor a Sur en el alma. Pero el Sur de Fernando, que no es cualquier Sur, sino el de los pobres pueblos que a golpe de viva imaginación ajustan cuentas con sus santitos, con sus tiranuelos locales y políticos desaprensivos, sin dejar margen a la tristeza. Es que no se puede menos que sonreír, cuando se descubre en la lectura a una mujer que muestra un inusitado empeño en preparar el lugar de su probable entierro con el entusiasmo propio de quien prepara un feliz acontecimiento familiar o la locura de alguien por meterse en un espejo o una pobre muerta que vaga por el campo más preocupada por cosas de vivos que por espantar a nadie. Bien, todo eso sucede en este libro, pero además, se crean espacios para pensar profundo en la naturaleza humana, en las injusticias, en los problemas migratorios y, de manera delicada y subyacente, en el nuevo problema social de la identidad sexual.

 El mundo literario Fernandino está inscrito, sin dudas, en el realismo mágico y nos devuelve con él, con evidente nostalgia, excelentes trozos de mitología tercermundista que todos los de nuestra edad vivimos en el amado Sur de nuestra infancia por boca y hechos de nuestros mayores. Por todo lo dicho anteriormente, me quedo con sus cuentos: Tipanchita, El Cuchillo de San Bartolomé, El último deseo de la señora MM y, La Aparecida. Busque usted sus preferidos en esta Casa de familia, aunque estoy segura que los disfrutará todos. ¡Felicidades Fernando!

 Hasta la nueva entrega!

Discurso 2da puesta en circulaciòn "Cuentos de Luna Llena bajo un perforado cielo"

SEGUNDA PUESTA EN CIRCULACION  “CUENTOS DE LUNA LLENA BAJO UN PERFORADO CIELO”  

SANTO DOMINGO, 26  DE FEBRERO DEL 2009. SALON DE ORIENTACIÓN. BIBLIOTECA PEDRO MIR, UASD.

Señoras  y  señores, amigos y amigas, todas y todas:


 Como imagino que no todas las personas que están aquí me conocen, creo conveniente iniciar contándoles algunas cosas acerca de mí.   Lo primero  que le diré  es que  aunque este es mi primer libro, la literatura ha sido un eje transversal en toda mi vida.   Posiblemente empecé a escribir desde que fui alfabetizada, inicialmente como  poetisa, pero cuando leí, muy jovencita, “Cien Años de Soledad” de Gabriel García Márquez, y luego “Yo, El Supremo” de Augusto Roa Bastos, y toda aquella maravillosa narrativa del boom latinoamericano llena de magia, pasión, rebeldía y creatividad exacerbada, me quedó muy claro lo que debía hacer, y a partir de ahí  hasta hoy  me he mantenido en la narrativa.   He hecho una vida literaria  muy discreta publicando uno que otro cuento o poesía, de manera muy espaciada  en periódicos o revistas de circulación nacional, o de mi pueblo, San Juan de la Maguana, y he participado siempre con buena suerte en algunos concursos literarios que son los que realmente me han dado a conocer en este medio.  A grandes rasgos, esta es mi historia  literaria.  Ahora, en lo que respecta al libro que les presento en esta noche, he de decirles que no he perdido ni un momento la oportunidad que le da la literatura a las personas  que se dedican a ella para ser testigos de excepción de su tiempo.   Por eso encontrarán en sus páginas, aparte del realismo mágico que se me pegó en aquella época que aludí, la mirada preocupada de una mujer  que ve cómo todo se deteriora a su alrededor, incluyendo al planeta mismo, con sus grandes hoyos en la capa de ozono, los nuevos problemas sociales, la angustia existencial, la soledad, la delincuencia, el gran circo de la política; en fin, todas esas cosas que vemos cotidianamente pero que la rapidez del diario vivir nos impide darle una mirada más profunda y un nuevo enfoque.  Cada vez me parece más razonable aquello de que  “lo increíble no es la fantasía sino la realidad”, basta abrir un periódico para entender lo que les digo.   Casualmente de una lectura del periódico se me ocurrió el primer cuento “Gracias por venir, Ana” que trata un asunto muy de moda: el de la niña-madre, y otros que no aparecen en este libro y que ya publicaré, probablemente este mismo año.   Se darán cuenta en la medida que lean mis cuentos que el tema de la mujer, en su cotidianidad, en sus sueños, en sus conflictos interiores es recurrente. Es natural, aparte de que quién escribe es una mujer, a juzgar por las estadísticas aún llevamos la peor parte en todo.   A este respecto  creo que tendré que pagar alguna cuota de incomodidad por ello, porque aunque ustedes no lo crean, todavía quedan algunos muros que tumbar para que una mujer pueda expresarse con cierta naturalidad desde su condición de género.  Pero, cada quién a su modo va creando sus pequeños espacios de libertad.   A  mi modo de ver, mi libro es una propuesta para encontrarnos de frente, más que nada con  sentimientos, en un tiempo en que la postmodernidad nos  cosifica y entonces debemos volvernos muy creativos y jugar con cierta dosis de ridiculez y buen humor para expresar  indignación, ternura, reír  y llorar, y no perder nuestra  condición humana. 

Tengo tanta gente a quién agradecer, tanta gente que me ha animado a que publique, desde el seno familiar, compañeros de trabajo, amigos y amigas, que no me atrevo a mencionarlos no sea cosa de que alguien se me vaya a olvidar . No sería justo. No quiero que me pase como en San Juan, en la primera puesta en circulación en donde alguien me reclamó, aunque cariñosamente, porque no le incluí. La verdad  es que mi memoria no es como para festejar.  Pido comprensión. Así que me limitaré a dar las gracias a William Mejía, por todas esas cosas tan lindas que ha dicho sobre mí escritura, porque además está corriendo un gran riesgo, el de dejarlo por escrito.  De manera que si se arrepiente mañana, tendrá que explicarlo mucho y lo menos que puedo hacer es agradecerlo con anticipación para que no se arrepienta, porque ya conocen ustedes el ego humano, no cuesta esfuerzo creerse lo bueno.  Un riesgo parecido está corriendo el editor, Gerardo Castillo, a quién se le podría hundir la editora por no haber hecho una buena elección.  Es de rigor agradecerle.  Bueno, no diré más, la otra parte les toca a ustedes.   Sólo me resta manifestarle mi emoción, mi eterno agradecimiento por verlos a todos ustedes aquí en esta noche, yo sé lo que significa movilizarse en estos tiempos en que todo se ha vuelto tan complejo.
Si lo desean pueden  escribirme al correo electrónico faniaherrera@gmail.com sus comentarios para mí, como dicen un conocido comercial, “no tienen precio”. Señora, señores, muchísimas gracias, buenas noches.



De izq. a Der. Mi hija Katy, mi ahijada Julissa, yo y mi hijo Francis.






¿Escritora yo? ¿Quien dijo?



SEGUNDA ENTREGA


Escribano mediaval

¡Hola amigos (as)!

                              Siento un gran desasosiego cuando alguien me llama escritora, literata, intelectual o cosas por el estilo ¡Pero si lo único que hago es escribir lo que se me ocurre!  Y como puedo, además.  Mi primera reacción en esos casos es tratar de hacerme invisible. Pero eso es muy muy difícil, aunque lo sigo intentando cada vez más porque, dada mi condición humana, los riesgos de llamarme así  son muchos. Podría, por ejemplo,  perder la naturalidad por la seria responsabilidad que implican esos adjetivos, o creerme el cuento y luego andar por ahí con el cuello estirado mirando a los demás con el rabillo del ojo. Hay más gente así de lo que usted imagina. Y no quiero perder este hermoso espacio de libertad  en el que puedo domar a mis  intranquilos y cada vez más numerosos fantasmas mentales; en el que puedo hacer “ajuste de cuentas” a esos malos momentos que a todos nos presenta el oficio de vivir. No es afición, es terapia.  Por eso, más que escritora, me siento identificada con un término que Vargas Llosa hizo famoso, años ha, con su novela “Tía Julia y el Escribidor”. ¡Eso es, soy una escribidora! Así me libro de toda pose o acusación de intelectual y  puedo andar de lo más tranquila en mi afanada vida, sin tener que pensar que diré  o que cara pondré si me encuentra usted por ahí y me hace la injusta imputación de literata. Sí, ese término se ajusta más a mi personalidad y circunstancias.  

De todos modos, yo tengo una teoría más sencilla acerca de mi facultad para el relato   que me gustaría  compartir con usted: fue una coincidencia de tiempo, espacio y algo de obstinación por mi parte. Resulta que era yo desde niña muy imaginativa y mamá se empeñó, desde muy temprano, en que se me alfabetizara aún antes de ir a la escuela. Ahí empezó todo.  Ahora, no vaya usted a pensar que mi señora madre, que en paz descanse, es la culpable de todo esto. No, que va! En honor a la verdad, ella tenía muy claro su criterio acerca de mi indiscutible inclinación por la escritura: “Déjese de pendejadas y póngase a estudiar, que con eso no se come”.

Bien, por hoy les dejo, pero antes, reciban mi cuento más reciente: Divorcio. Al igual que el anterior es también inédito. Espero, como siempre, que lo disfruten y me hagan saber sus comentarios. Aburrrr (perdone, es que soy sanjuanera)  ¡Ah, casi lo olvido! Hay una nueva sección: El cuenthoroscopo. Ya me dirán.