Casa de Familia

Amigos y amigas de mi blog:

Con una raya completamente desdibujada entre lo onírico y lo real, nuestro amigo Fernando Fernández Duval nos deleita con relatos de muy buena factura en su más reciente libro de cuentos “Casa de familia”. Es un libro ágil, ameno, que puede leerse de un tirón y que a mí, en lo particular, me ha dejado un fuerte sabor a Sur en el alma. Pero el Sur de Fernando, que no es cualquier Sur, sino el de los pobres pueblos que a golpe de viva imaginación ajustan cuentas con sus santitos, con sus tiranuelos locales y políticos desaprensivos, sin dejar margen a la tristeza. Es que no se puede menos que sonreír, cuando se descubre en la lectura a una mujer que muestra un inusitado empeño en preparar el lugar de su probable entierro con el entusiasmo propio de quien prepara un feliz acontecimiento familiar o la locura de alguien por meterse en un espejo o una pobre muerta que vaga por el campo más preocupada por cosas de vivos que por espantar a nadie. Bien, todo eso sucede en este libro, pero además, se crean espacios para pensar profundo en la naturaleza humana, en las injusticias, en los problemas migratorios y, de manera delicada y subyacente, en el nuevo problema social de la identidad sexual.

 El mundo literario Fernandino está inscrito, sin dudas, en el realismo mágico y nos devuelve con él, con evidente nostalgia, excelentes trozos de mitología tercermundista que todos los de nuestra edad vivimos en el amado Sur de nuestra infancia por boca y hechos de nuestros mayores. Por todo lo dicho anteriormente, me quedo con sus cuentos: Tipanchita, El Cuchillo de San Bartolomé, El último deseo de la señora MM y, La Aparecida. Busque usted sus preferidos en esta Casa de familia, aunque estoy segura que los disfrutará todos. ¡Felicidades Fernando!

 Hasta la nueva entrega!

ESCRITORES (AS) DE SAN JUAN (III)


MAYRA REBECA VILLEGAS


Escribir es uno de los oficios más difíciles de la tierra. Pero escribir para niños lo es todavía más. No se trata de usar muchos diminutivos y de soltar en una hoja en blanco cualquier cantidad de duendes y hadas a correr y saltar a su placer en un bosque. No señor, aparte de que los niños son jueces severos e inapelables, hay una gran responsabilidad sobre el autor acerca de qué cosa se le cuenta a un infante. Tampoco puede este autor descontextualizar la vida del niño(a) por lo que en su narrativa no debe estar borrada su geografía, su historia, los colores de su entorno, incluyendo los de las personas que lo habitan ni la cosmovisión de eso que llamamos pueblo. A todo eso, agréguenle que aunque no debe sacarse al niño de su realidad tampoco se puede prescindir de los sueños, la ilusión, la magia y, además, se debe tener extremo cuidado con el tipo de lenguaje a usar.

 ¿Se dan cuenta cómo se van complicando las cosas? Y eso es sólo una parte. Todavía queda mucha tela que cortar. Pero lo dejaremos para otra ocasión porque ahora, que ya conocen mi punto de vista acerca de esta cuestión, se me hace más fácil explicarles por qué me parecen tan buenos los cuentos del libro infantil “El sueño de María Cristina” escrito por nuestra Mayra Rebeca Villegas, en donde aquellos relatos de reinas, princesas y castillos encantados perdieron su oportunidad y en cambio son sustituidos por seres de carne y hueso con oficios nobles y simples, por colectividades que en vez de quejarse asumen de pronto una actitud pro activa y resuelven el problema que los aqueja y todo aquello ¡sin dejar fuera la magia y el respeto a la inocencia! 

Sí, me quedo con sus cuentos protagonizados por verduleras y carpinteros, con su niños pobres deseosos de conocer el mar y tener mejor vida, aunque no lo logren; con sus cuentos educativos que llaman a amar y respetar a la naturaleza; con su hondo deseo de enseñar a los niños a convivir en paz y a ejercer su responsabilidad de ser felices; con su evidente rechazo a la individualidad, casi patológica, que tanto daño hace a los más jóvenes.  
Creo que Mayra escribió un bello  libro infantil ¡la felicito!... Y celebro que ella sea de San Juan.


Fania Herrera (Fanny)